| |
Visitantes
| Visitas ayer: |
934 |
| Visitas hoy: |
1326 |
| Visitas Totales: |
1388204 |
|
|
Presentación
LAS LECTURAS DE LA ÉTICAClaudia Liliana Agudelo Montoya Profesora de la Universidad de Caldas PALABRAS CLAVE: Ética, ambiente.
A mi maestra, Leonor Gallego A. Para encontrar el contenido y la expresión de lo que llamamos 'ética', pretendo adentrarme por un conflictivo sendero, de la mano de la teoría literaria; alguien podría sugerirme que lo haga en compañía de la epistemología o de algún otro saber más afianzado, pues para alguien -como yo- tan temerosa de explorar el mundo inmanente resultaría más seguro. En un intento por enfrentar el miedo, la desesperanza y hasta el hastío, comienzo por explorar lo que tradicionalmente se ha entendido por dicho término, es decir, comienzo por inspeccionar las normas y principios que rigen, de manera teórica, las costumbres y conductas de un determinada sociedad. Este primer intento me deja impotente ante la vastedad de la búsqueda, pues todas las culturas manifiestan maravillosas constelaciones de mitos, rituales, cuentos y relatos que designan, especifican o trazan un mundo posible. Los relatos divulgan la manera como los integrantes de una comunidad suponen el mundo; pero también divulgan de qué forma les gustaría que fuese o de qué manera sueñan que fue. Ahora bien, todo relato está fundado en una suma de valores que el grupo defiende o transgrede; las constelaciones diegéticas poseen, pues, proporciones axiológicas, lo que implica que ellas son un área de apuestas de sentido que el pueblo confiere acerca de lo que considera que es el mundo, el ser humano de ese mundo, y las entidades que se advierten en ese mundo; los relatos nos permiten asomarnos al universo simbólico en el que se identifican los pueblos y mediante el cual impregnan de humanidad a sus semejantes; se acepta, incluso, que un solo relato se puede llegar a convertir en un 'mitema', es decir, en una narración que pertenece, al tiempo, a múltiples culturas. He encontrado una estancia: el concepto de ética se evidencia en los relatos y se vincula no sólo con las normas de conductas sino con los axiomas de proceder y de actuación; por ello debo ahora distinguir el papel que juega en la noción de ética, el discurso. Se acepta que el relato sólo es concebible mediante un discurso que le dé vida, que lo llene de sentido; así pues, hay que distinguir, dentro de la lengua, como mínimo, el tiempo, las modalidades y las operaciones mediante las cuales se narra el ser en el mundo. Sin la pretensión de establecer universales formales sobre el discurso, hay que advertir que los idiomas particulares son zonas simbólicas en las que se establece la manera cómo la narración debe tratar el tiempo de las acciones; así, no es raro encontrar en los diversos idiomas sentencias, máximas y reglas de oro éticas que continuamente hacen uso del tiempo verbal: las retrospectivas, sugieren volver sobre ciertos fragmentos de tiempo anteriores al presente narrativo de la sociedad, con el fin de tomar prototipos de acciones y valores que nos vinculen místicamente con un pasado mesiánico;
las proyectivas, construyen de forma lineal y elemental, las pautas de actuación y opinión sincrónicas que regulan la sociedad; ellas anticipan la acción de los acontecimientos con el fin de prever racionalmente un porvenir feliz.
De lo anterior se desprende que, el relato, incluso el ético, adopta diversas perspectivas, dependiendo de la posición que adopte el narrador, es decir, dependiendo de si éste se presenta como uno de los personajes específicos que actúan en el relato o como una especie de consciencia total que conoce y controla el relato. Si bien esta advertencia pareciera ser muy obvia, ella es todavía más esencial; vayamos despacio: el hecho de que el narrador del relato tome una perspectiva o la otra, no sólo da pié a un extensa tipología de los textos sino al debate crucial de la semiótica y la hermenéutica: el de las márgenes textuales. Ambos problemas requieren una revisión especial si hemos de vincular las nociones de relato, discurso, texto y la lectura con la ética. La tipología textual que se abre a partir de los dos tipos de narradores, el focalizado desde uno de los personajes del relato y el objetivado, conlleva, a su vez, dos tipos de lectores éticos: el comprometido con la individualidad y el impersonal. Me llama mucho la atención el segundo tipo de narrador, el consciente, el manipulador, el sistemático que domina los relatos impersonales en los que los acontecimientos se presentan en forma directa, como si estuviese presenciando un espectáculo de cine o de televisión.... me llama la atención porque ese narrador -y sus similares- es el más notable exponente de 'la ética del como si...', pues participa de la realidad sugerida como si verdaderamente estuviese comprometido directamente con lo ocurrido..... en la gloria y en la tragedia del otro; ¡es más! ¡actúa como lector cómplice frente a los acontecimientos, a los incidentes y a los contextos que sitúa al 'otro' ...que... obviamente, no es él !. Cree(n) constantemente en el artificio de la omnisciencia y en la simulación de saber lo mismo que saben de sí los 'otros'.
Una de esas perspectivas es la ofrecida por las teorías de la recepción textual determinísticas, también llamadas, 'moderadas'. Consideran ellas el lenguaje, y de hecho los juicios de valor, como una estructura ambigua de planos y dimensiones que presenta territorios de incertidumbre o espacios no concretizados (vacíos semánticos) que sólo se concretan o se llenan gracias a la resemanti-zación llevada a cabo por el receptor del texto, quien, como aquel que arma un rompecabezas, puede determinar el valor necesario o el contorno de la ficha que ha de insertar. El significado de las expresiones idiomáticas y de las acciones humanas es siempre parcial, pues el tejido textual guarda sugerencias de sentido que se relacionan con los niveles de interpretación que actualiza el lector. A este orden de ideas se vinculan tres tipos de textos transparentes, radiantes y cotidianos en los que sólo debe importar el descodificar aceptablemente lo que ellos -como textos- plantean: Las novelas, las películas de ficción y las representaciones teatrales, en las que de manera diegética se cuentan historias, aventuras y anécdotas por medio de una narración que se presenta como un devenir de sucesos que les acontece a unos personajes y que busca la producción de significado real o posible. Las teorías científicas, los discursos filosóficos clásicos y los alegatos jurídicos, en los que de manera argumentativa se sostiene, se defiende o se justifica una opinión, mediante la adhesión lógica o retórica a un conjunto de afirmaciones que buscan la explicación de aquello que se debe entender del texto. Las noticias que reportan los medios masivos de comunicación, en las que de manera constatativa se presenta un referente, un suceso o fenómeno como criterio de validez.
La otra perspectiva es la ofrecida por las teorías de la recepción textual indeterminísticas, también llamadas 'radicales'. Consideran el lenguaje y los juicios de valor como una estructura etérea que presenta zonas de contingencia que se inventan en el proceso de recepción; el texto en general -sea ético o no- no tiene fronteras: es un espacio negativo sin significado en sí, pero con la capacidad para brindarlo gracias al acto creativo de la lectura contingente, que lo hace y lo deshace. La literatura, el arte, la lingüística, la filosofía y, obviamente, la ética, caben en este universo azaroso del texto, que produce interminables aplazamientos y dispersiones del significante. La frontera del texto deja de existir, sólo existen enlaces de coherencia transitoria, determinada por los campos simbólicos y las tácticas que el lector apuesta en el juego del sentido.
Valen, ahora sí, preguntas que entrelazan las nociones fundamentales de las cuales hemos venido hablando ... relato, discurso y texto ... y que permiten, por vías poco ortodoxas, abrir la discusión acerca de LAS LECTURAS DE LA ÉTICA: ¿la ética, al igual que poesía, la pintura, la música se constituye en la presentación o exhibición de los símbolos mismos como símbolos? ¿todos los textos, incluyendo los éticos, son un juego, es decir, exigen del lector un alto grado de inmersión, de tensión y de disolución?.
La lectura itinerante de las perspectivas de la ética nos convoca a intentar otro tipo de viaje, esta vez simbólico, y a considerar la ética como una emergencia cruzada por las múltiples perspectivas que cada quien, como lector, propicia. Amplíese, entre otros, en: CHATMAN, S. Historia y discurso. La estructura narrativa en la novela y el cine. Madrid : Taurus, 1990. DERRIDA, J. Márgenes de la filosofía. Madrid : Cátedra, 1989. ECO, U. Lector in fábula. Barcelona : Lumen, 1990. LOZANO, J. y otros. Análisis del discurso. Hacia una semiótica de la interacción textual. México : REI, 1993.
|
|
|
|
|