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Presentación

UNA VISIÓN DEL AMBIENTALISMO CRIOLLO

Isaías Tobasura Acuña
Profesor de la Universidad de Caldas

PALABRAS CLAVE:

Ambientalismo, movimiento ambiental, nuevos movimientos sociales.


La perspectiva del caos nos permite saber que nuestro malestar
tiene mucho que ver con el modo en que hemos asumido que
las organizaciones se hayan de mantener esencialmente
a través del liderazgo, la competencia y el poder.
John Briggs y David Peat

En este texto se hace una semblanza del ambientalismo en nuestro país. Se parte de la ubicación del Movimiento Ambiental Colombiano en el contexto de los Nuevos Movimientos Sociales, se habla de su origen, se mencionan algunos casos de ambientalismo popular y, finalmente, se analizan las posibilidades de que el Movimiento Ambiental Colombiano pueda lograr su consolidación y protagonismo en el contexto nacional.

La presentación parte de las siguientes premisas:

  1. En Colombia, más que hablar de un Movimiento Ambiental, se debería hablar de 'ambientalismo', entendido éste como la praxis que, desde diferentes concepciones filosóficas, ideológicas y políticas, realizan organizaciones, grupos y personas en pro de la conservación de los recursos naturales, la preservación de la calidad del ambiente y el bienestar social. 
  2.  La obsesión de algunos por constituir un movimiento ambiental político (partido verde) es a todas luces no sólo una aventura heroica sino un error histórico. Por una parte, la acción de los ambientalistas es en esencia política, más no partidista y, por la otra, los nuevos movimientos sociales, entre los cuales se inscribe el Movimiento Ambiental, carecen de estructuras rígidas y de organizaciones formales, mientras que los partidos se caracterizan por estructuras formales, jerarquizadas y burocratizadas.

EL CONTEXTO

Aunque los movimientos de base popular se remontan a la larga tradición de lucha por el progreso de gentes amenazadas, oprimidas y explotadas, comenzando con la resistencia cívico religiosa de Moisés en Egipto y las rebeliones libertarias de Espartaco en Italia, pasando por la luchas de organizaciones monacales medievales que protestaban contra la riqueza ostentosa, los recientes movimientos feministas, pacifistas, de los trabajadores atropellados por el capitalismo naciente, hasta las movilizaciones que aún tenemos en la retina en Seatle, Washington y Praga en contra de los zares de las finanzas internacionales, existen diferencias cualitativas entre los Nuevos Movimientos Sociales y los movimientos clásicos del pasado, sobre todo los de la clase obrera. Su ideología no se ocupa de los asuntos de distribución del poder económico o político, sino de la calidad de vida. Al contrario del movimiento obrero clásico, no se plantean una alternativa social. Sus preocupaciones giran en torno a problemas específicos, que no pueden resolverse con la redistribución de los medios de producción y de la riqueza en el marco de un sistema político enteramente nuevo. Esta es la razón por la que no existe un solo movimiento que sobresalga por encima de todos los demás y que represente a la clase oprimida, concebida como sujeto único, sino una pluralidad de movimientos que coexisten y cooperan entre sí y cuya significación no puede describirse cabalmente en término de antagonismo de clases.

Bajo el concepto de Nuevos Movimientos Sociales, la mayoría de autores incluyen a los movimientos ecologistas, pacifistas, feministas, antirracistas, sexistas y los que persiguen el desarrollo de los países tercermundistas. En lo esencial, hay un único vínculo ideológico que une a los miembros activos de estos movimientos, caracterizado por dos rasgos básicos: una crítica humanista al sistema prevaleciente y a la cultura dominante, lo que se traduce en una profunda preocupación por las amenazas que pesan sobre la especie humana; y, en segundo lugar, una actitud resuelta de lucha por un mundo mejor aquí y ahora. Para los militantes de estos movimientos el actual orden mundial es inhumano, porque promueve una mentalidad de "supervivencia de los más aptos", persigue una carrera irreflexiva de despilfarro y explotación de los recursos naturales, y se basa en la dominación apoyada por la fuerza militar en el campo de las relaciones internacionales.

Estos movimientos se caracterizan por varios rasgos. Primero, por un estilo de acción política no convencional basada en la acción directa, que contrasta con el modelo tradicional de intermediación de intereses que los partidos políticos desarrollan en las democracias contemporáneas. Segundo, por un fuerte sentimiento antisistema, ya que sus seguidores se sienten enajenados respecto a las normas y valores dominantes, ante los que expresan su rebeldía. Tercero, por construir sus organizaciones sobre la base de la toma de decisiones participativa, una estructura descentralizada y el repudio a los procedimientos burocráticos. Cuarto, por reclamar a las democracias que abran la vida política a un conjunto de intereses más diversos y más vinculados con los ciudadanos. Quinto, porque la mayoría de sus miembros procede de las clases medias instruidas. Sexto, por no desarrollar ningún sistema ideológico coherente, sino que definen su concepción de la sociedad futura sobre todo en términos negativos, es decir, saben lo que no quieren, pero no presentan un modelo alternativo claro.

EL SURGIMIENTO

La preocupación por el medio ambiente y los recursos naturales puede encontrarse en el siglo XIX, expresada en las peticiones de mejoras medioambientales provenientes del movimiento obrero, el cual situó el ambiente en el contexto de amplias reivindicaciones por lograr condiciones de vida y de trabajo más dignas. También las clases media y alta preocupadas por la destrucción de sus parajes preferidos reivindicaron la necesidad de un ambiente sano.

De todas formas, el ecologismo contemporáneo hunde sus raíces en todas las críticas que ponen en evidencia las consecuencias negativas del proceso de desarrollo modernizador, expresado en una industrialización rápida, una urbanización galopante y caótica y un desplazamiento rápido de la población del campo a la ciudad, como consecuencia de un estilo de desarrollo orientado hacia el crecimiento y progreso infinitos.

El capitalismo y el socialismo, subsumidos bajo el común denominador de industrialismo, sintetizan las causas de la crisis ambiental. Los rasgos característicos de este estilo depredador de la naturaleza y envilecedor de la condición humana son la fe ciega en el crecimiento económico permanente, la expansión de los medios de producción y de las fuerzas productivas, la ética materialista, la confianza en que la técnica por si sola será capaz de resolver los problemas de la humanidad y la organización burocrática y centralista de la sociedad.

Aparte de lo antes mencionado, el auge de los Nuevos Movimientos Sociales y, entre ellos, el movimiento ambiental, se encuentra la crisis de los partidos políticos como instancias para representar y hacer efectivas las demandas de los ciudadanos frente a los organismos del estado, desde la teoría estructural funcionalista, o del cambio de valores desde la teoría subjetivista o de los actores sociales. En el primer caso se considera que el descontento de grandes masas de individuos se deriva del deterioro de sus condiciones de vida, expresado en las formas de organización económica, política y militar de la sociedad. En el otro, se explica por un cambio de valores y de la sensibilidad de los actores sociales.(1)

En las primeras etapas de su desarrollo, el movimiento ambiental enmarcaba tanto la acción social como la presión política en el ámbito local para conservar la naturaleza y proteger el medio ambiente. Después de la II Guerra Mundial, el campo de acción se amplia al ámbito internacional al punto que los problemas ambientales locales son interpretados en el marco de problemas ambientales globales. De hecho, desde los años setenta, el Movimiento Ambiental considera que los responsables de la agresión de un bosque o un lago pueden encontrarse a cientos, incluso a miles, de kilómetros de distancia. Se considera, por lo tanto, que el paso del diagnóstico del problema ambiental desde el plano local al global es, quizá, el carácter novedoso del ecologismo contemporáneo con respecto a otros movimientos del pasado.

EN COLOMBIA

Aunque resulta difícil ubicar en el tiempo el surgimiento de un movimiento ambiental en Colombia, sus orígenes deben rastrearse desde las luchas de nativos y criollos por la independencia de la corona española, pasando por las luchas obreras y campesinas de comienzos y mediados del Siglo XX por la tierra y mejores condiciones laborales, hasta los movimientos estudiantiles y juveniles de los años sesenta y setenta por la paz y nuevas formas de vida y los movimientos sociales y marchas de sectores populares en los años ochenta y noventa por los servicios públicos y por el derecho a la vida, pues no debe olvidarse que Colombia ha vivido una confrontación armada no resuelta por más de cuarenta años.

De todas formas, la emergencia de un movimiento social con las características de lo que hoy se conoce como Movimiento Ambiental sólo tiene lugar después de los años setenta como consecuencia de un "efecto demostración" ocasionado por los múltiples foros, conferencias y denuncias que provenían de organismos internacionales y de académicos de los países centrales, entre ellos la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano de 1972 y de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1987. En los años setenta se dan los primeros intentos de creación de un movimiento ambiental con la creación del grupo ecológico de la Universidad del Tolima por iniciativa del profesor Gonzalo Palomino. Por su parte Hernando Patiño en la Universidad Nacional de Palmira impulsó la inclusión de la cátedra de ecología en los planes de estudio de las facultades de agronomía y desde la docencia creó conciencia y luchó por la protección del medio ambiente y los recursos naturales.

En los últimos años, y dado que la clase media e intelectual han ampliado su base social, el movimiento ambiental o fracciones de éste tiende a asimilar valores del movimiento ambiental europeo y norteamericano sin resignificarlo, llevando a muchos 'ambientalistas' a ser miembros activos o simpatizantes de conocidas organizaciones defensoras de la naturaleza como Green Peace y Amigos de la tierra, y otros a adoptar ideologías y estilos de acción propios de otros contextos históricos.

Algunos candidatos a las corporaciones públicas y a las alcaldías municipales, incorporando en sus discursos el 'lenguaje ambientalista', han buscado ganarse el favor popular sin lograr consolidar las bases para el surgimiento de un partido verde como ha ocurrido en países como Venezuela y Brasil. En las últimas elecciones locales y regionales varios candidatos a las corporaciones públicas, enarbolando banderas verdes, lograron el favor del electorado. El candidato del Partido Verde Oxígeno fue electo alcalde del Caguán, en plena zona de distensión. No obstante, en el escenario político, Colombia aparece como un terreno estéril no sólo para el nacimiento de un partido 'ecologista' sino para la consolidación de partidos de izquierda alternativos al bipartidismo tradicional. De hecho, los militantes de la Unión Patriótica de tendencia marxista fueron literalmente exterminados en los años ochenta. La teórica apertura política que propiciaría la Constitución Política de Colombia ha sido anulada por fuerzas oscuras al margen de la ley, pero fieles defensoras del establecimiento.

De todas formas, y pese a la intolerancia que reina en el país, en las dos últimas décadas han emergido multitud de grupos informales y de organizaciones no gubernamentales defensoras del medio ambiente y de los recursos naturales. Entre las organizaciones más sobresalientes se pueden mencionar la Fundación Herencia Verde, la Fundación Mayda, La fundación Penca de Sábila, los Grupos Ecológicos de Risaralda (GER), los cabildos verdes y grupos ecológicos en escuelas, colegios y universidades. Todos, de una u otra forma, han participado en las discusiones que se realizan en la ejecución de obras civiles que impactan negativamente el ambiente y han influido en algún grado en la adopción de la legislación ambiental vigente en el país y en la creación del Ministerio del Medio Ambiente.

Aunque el origen de las preocupaciones por la defensa de la naturaleza y el medio ambiente se encuentra en una mayor conciencia de individuos de las clases media intelectual y académica, amparados en valores postmaterialistas, las clases obrera y trabajadora y los 'desclasados' no han estado al margen de estas preocupaciones, por ello, la lucha ambiental en nuestro país está íntimamente ligada a la superación de las necesidades materiales mínimas de la mayor parte de la población. En este sentido, y sin adoptar un 'lenguaje ambientalista', las décadas de 1980 y de 1990 en Colombia han sido testigos de paros cívicos, marchas campesinas e indígenas, movilizaciones regionales que luchan por la tierra, el derecho a la vida, los servicios públicos y la defensa de sus valores y cultura tradicionales y sus territorios sagrados. En un estudio realizado entre 1970 y 1985 por la Fundación Foro por Colombia se contaron más de trescientos paros cívicos y movimientos de masas, la mayoría, por servicios públicos, infraestructura y demandas de tierra por parte de los campesinos.

La acción directa de estos movimientos de masas, que provoca la turbación del orden público, ha sido propiciada por la incapacidad del estado y del gobierno legalmente constituidos para darle respuesta oportuna y satisfactoria a las demandas de los ciudadanos. Adicionalmente, la insurgencia armada gana mayores espacios dentro de la geografía nacional al punto que hoy cerca del sesenta por ciento del país tiene presencia de grupos al margen de la ley, guerrilleros o paramilitares. El país y la comunidad internacional han sido testigos de por lo menos tres intentos de un proceso de paz negociado entre los principales actores armados del conflicto. El último se inició el 7 de enero de 1999 entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revoluciona rias de Colombia (FARC- EP), uno de los grupos de mayor beligerancia y presencia en el país. Dentro de los puntos de diálogo planteados por las dos partes se encuentra uno relacionado con el medio ambiente y los recursos naturales. No debe olvidarse que en las zonas donde opera la guerrilla se encuentran las mayores plantaciones de coca y amapola, las cuales se consideran como uno de los factores de deterioro de los recursos naturales, tanto por la destrucción del bosque y la biodiversidad asociada, como por las fumigaciones aéreas y el intento de utilizar el hongo Fusarium para su erradicación, auspiciados por los Estados Unidos.

EL FUTURO

En los países del Norte los movimientos ambientales han llegado a consolidar partidos verdes con una dinámica propia, en favor de la protección de la naturaleza, la paz y la lucha antinuclear. En los países en desarrollo, salvo pocas excepciones y con escaso éxito (Venezuela y Brasil), no ha ocurrido lo mismo. En Colombia, los políticos han adoptado ciertas demandas de los ambientalistas en sus campañas electorales, pero dicha estrategia está lejos de ser una manifestación realmente ambientalista. El Estado, por su parte, para legitimar sus acciones, se ha apropiado del discurso ambientalista, incorporándolo en sus planes de desarrollo. Tanto éste como los organismos financieros internacionales se declaran promotores de la gestión ambiental y de un desarrollo alternativo. En todos los documentos oficiales se habla de desarrollo humano sostenible, aunque en la práctica se defiende un modelo de desarrollo orientado por las fuerzas del mercado, en lo que se ha denominado el pensamiento único.

Adicionalmente, los 'ambientalistas' han sido víctimas de la intolerancia de los poderes establecidos. El asesinato en 1988 de Chico Méndez a manos de los terratenientes en Brasil le dio la vuelta al mundo. En Colombia son ampliamente conocidos el asesinato del creador de las reservas naturales de la sociedad civil y la muerte de tres niños U'wa en defensa de sus territorios ancestrales. El 14 de enero de 2000, la WWF emitió un comunicado de prensa con motivo del asesinato del líder campesino de La Cocha Eusberto Jojoa, comprometido con la conservación de los recursos naturales. El líder había sido retenido por varios hombres y luego apareció muerto cerca de la reserva privada de la Planada del Gamuez de su propiedad. El señor Jojoa fue cofundador de la ONG Asociación para el Desarrollo Campesino (ADC) y líder de procesos sociales y de conservación. El asesinato del líder Campesino del Gamuez y la muerte de tres niños U'wa en el bloque Zamore pone de manifiesto el riesgo a que están expuestos los ambientalistas populares, no sólo por parte del capital internacional y nacional sino del mismo estado colombiano. En el caso de los U'wa, que luchan por conservar sus territorios ancestrales, la OXI, para lavar su imagen de empresa que deteriora el medio ambiente, creó un grupo ambiental denominado "Fuerza Verde" y ha utilizado los medios de comunicación para difundir información que limpie su imagen frente a la sociedad colombiana. Y el gobierno nacional ha modificado la legislación ambiental para facilitar el trabajo de las empresas, reduciendo a la mitad el tiempo para otorgar las licencias ambientales.

No obstante, el enemigo más poderoso que tiene el ambientalismo criollo para su consolidación y su desarrollo futuro son los múltiples intereses que se mueven al interior de las organizaciones no gubernamentales ambientalistas, no necesariamente relacionados con el medio ambiente ni las causas sociales. Una tipología preliminar realizada con base en sus intereses permitiría clasificarlas en: ONG ambientalistas sin ánimo de lucro, ONG ambientalistas "sinónimo de lucro" y ONG ambientalistas "sin ánimo". En efecto, con la creación de ECOFONDO en 1993, proliferaron grupos y organizaciones sin ninguna tradición en el trabajo ambiental con el ánimo de captar recursos. Hoy cerca de quinientas organizaciones ambientalistas están afiliadas a ECOFONDO y están compitiendo por recursos financieros para el activismo ambiental, sin tener un propósito claro sobre la naturaleza de su praxis ambiental.

Muchas organizaciones ambientalistas y algunos ambientalistas olvidaron que, para que el ambientalismo sea eficaz a las causas sociales, deben transformar pacíficamente las relaciones de poder existentes, promoviendo demandas sociales que los partidos políticos son incapaces de captar, liderar y satisfacer. Otras y otros tantos cayeron en la trampa tendida por el discurso oficial del 'desarrollo sostenible', sin darse cuenta de que éste es consecuente con el modelo de desarrollo imperante. Para salir de esa argucia, deben dudar de que el mercado sea el mejor asignador de los recursos, pues infravalora (o valora arbitrariamente) las necesidades humanas futuras y no cuenta los perjuicios externos a las transacciones mercantiles tales como la destrucción de algunas especies y de ecosistemas estratégicos para la supervivencia de la vida humana. Para ello deben utilizar diferentes estrategias, entre ellas la eficacia simbólica, fundada en ciertos principios y valores, los medios de comunicación (sobre todo la Internet), la solidaridad internacional, la movilización y las acciones de hecho. Los indígenas U´wa y Emberá-Catío, por ejemplo, permanecieron varios meses en los parqueaderos del Ministerio del Medio Ambiente protestando por las licencias ambientales otorgadas a la OXI y a la empresa que realiza la represa Urrá II. Ellos, con el apoyo de organizaciones ambientalistas nacionales y sobre todo internacionales, al final lograron parcialmente sus reivindicaciones.

BIBLIOGRAFÍA

  • CASQUETE, Jesús. Ecologismo. En: Palabras clave sobre movimientos sociales. José Mardones (Director). Madrid: Verbo Divino, 1996.
  • ESCOBAR, Arturo y PEDROSA, Álvaro. Pacífico ¿Desarrollo o Biodiversidad? Estado, capital y movimientos sociales en el Pacífico colombiano. Bogotá: Cerec, Ecofondo, 1996.
  • FALS BORDA, Orlando. El nuevo despertar de los movimientos sociales. En: Revista Foro. Año 1. No 1. Bogotá, septiembre de 1986.
  • GAVIRIA, Luz Beatriz. Movimiento ambiental en Colombia ¿actor social o espacio de participación? En: GARCÍA, María Pilar y BLAUERT, Jutta (editoras). Retos para el desarrollo y la democracia: movimientos ambientales en América Latina y Europa. Caracas: Fundación Friedrich Ebert de México, Nueva Sociedad, 1994.
  • LEFF, Enrique. Ecología y Capital. Racionalidad Ambiental, Democracia Participativa y Desarrollo Sustentable. Madrid: Siglo XXI, 1994.
  • MARDONES, José María. Los nuevos movimientos sociales y la sociedad moderna. En: MARDONES, José María (director). Palabras clave sobre movimientos sociales. Madrid: Verbo Divino, 1996.
  • MARTÍNEZ ALIER, Joan. De la economía ecológica al ecologismo popular. Barcelona: Icaria, 1992.
  • OFFE, Claus. Partidos políticos y nuevos movimientos sociales. Madrid: Sistema, 1996.
  • SANTANA R., Pedro. Los movimientos sociales en Colombia. Bogotá: Foro Nacional por Colombia, 1989.
  • SOSA, Nicolás M. Ética ecológica y movimientos sociales. En: BALLESTEROS, Jesús y PÉREZ ADAN, José. Sociedad y medio ambiente. Madrid: Trotta, 1997.

NOTAS:

  1. INGLEHART, R. citado por OFFE, Clauss. Partidos políticos y nuevos movimientos sociales. Madrid: Sistema, 1977. p. 207.
 
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